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Hay momentos en los que uno necesita volver a sentirse vivo. Bajar el ruido de la cabeza. Soltar el estrés, la timidez, el cansancio… y regalarse un ratito solo para uno. Eso es lo que propone Antonella Sánchez con su academia “Salsa y Bachata Malargüe”: un espacio donde no importa la edad, la experiencia o el ritmo… sino las ganas de sentirse mejor.

Antonella volvió a su ciudad en plena pandemia, apostando a que el baile podía transformar realidades. Y lo logró. Cada año, decenas de personas —jóvenes, adultos, madres, trabajadores, gente tímida, gente que nunca bailó— se animan a dar ese primer paso. La joven se formó durante años en Mendoza, donde fue bailarina profesional y ganó competencias nacionales e internacionales.
Pero más allá de los títulos, lo que la define es otra cosa: la calidez con la que acompaña a cada alumno. Volvió a Malargüe para estar cerca de su familia… y terminó armando una verdadera comunidad de baile. Desde 2020, decenas de personas ya pasaron por sus clases. Algunos buscando diversión. Otros sanación. Muchos, simplemente, un lugar donde sentirse cómodos siendo quienes son.


Con mucho orgullo, Antonella contó que el 7 de diciembre del 2025, 32 alumnos subieron al escenario, para algunos fue la primera vez. “Algunos temblaban. Otros lloraron después del show. Todos coincidieron en algo: se sintieron orgullosos de sí mismos. Porque acá no se trata de bailar perfecto. Se trata de crecer. De confiar. De volver a creer en uno.”, sostuvo.
Si quieres formar parte de estas clases te contamos que empiezan en enero. Son recreativas, suaves, amables. No necesitas experiencia. No necesitas pareja. Solo necesitas ganas. Puedes elegir salsa, bachata, ladies style o incluso sumarte al nuevo grupo +60. Hay gente desde 15 años hasta adultos mayores: todos con historias distintas, pero la misma búsqueda.
Los encuentros se llevan adelante en calle Estela Navarro de Juin, entre calles Cte Salas y Portal de Los Andes, frente a Acción Social. Los cupos son limitados.


Un mensaje que abraza
“A mis clases llega gente cansada, triste, tímida, con sueños guardados. Y el baile se vuelve refugio… un lugar donde el cuerpo se suelta y el corazón vuelve a latir fuerte. No importa si sabes bailar. Importa que tengas ganas de volver a vos. El primer paso no es moverte: es animarte.”, resumió Antonella.
Si estás leyendo esto
Tal vez tu cuerpo está pidiendo una pausa.
Tal vez necesitás conectarte con vos.
Tal vez el baile sea esa puerta.


Inscripciones abiertas 2026
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