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Categoría:
Sociedad

Buscan reactivar la planta textil de La Salinilla

La posibilidad de reactivar la planta textil de La Salinilla vuelve a instalarse en agenda. El proyecto, que supo posicionar a Mendoza como pionera en el manejo sustentable del guanaco en silvestría, podría retomar impulso con el objetivo de cerrar el circuito productivo y generar valor agregado en origen.

La planta fue inaugurada en 2015 durante la gestión del entonces gobernador Francisco Pérez, junto al entonces intendente de Malargüe Juan Antonio Agulles. En aquel momento, la incorporación de maquinaria semi-industrial marcó un salto productivo: mientras hilar un kilo de lana de guanaco de manera artesanal demandaba hasta tres meses, el nuevo equipamiento permitía procesar hasta 150 kilos en apenas diez días. La obra también significó la llegada de energía eléctrica y mejoras en comunicaciones para familias de la zona.

El proyecto fue financiado a través de un consorcio socio-productivo que integró al CONICET, el INTI, el Municipio de Malargüe y la cooperativa, con una inversión cercana a los 9 millones de pesos destinada a infraestructura y equipamiento. La experiencia se apoya en el trabajo desarrollado en la Reserva Provincial La Payunia, creada en la década del 80 y considerada una de las principales áreas de conservación de guanacos del país.

Desde 1992, la presencia de guardaparques permitió recuperar las poblaciones, y a partir de 2005 comenzó a ensayarse el uso sustentable mediante esquila controlada en silvestría. Estudios técnicos —incluidas investigaciones científicas— concluyeron que el manejo adecuado no afecta negativamente a la especie.

La silvestría, precisamente, es el modelo que busca conservar al guanaco vivo, generando a la vez ingresos para las familias rurales y fortaleciendo el arraigo en el territorio.

El desafío actual: mercado y valor agregado

Hoy, el principal desafío no es técnico sino comercial. A diferencia de fibras como la vicuña o la alpaca, la lana de guanaco no cuenta con un mercado consolidado. La propuesta actual apunta a ir más allá del hilado y avanzar hacia la confección de prendas terminadas —como sweaters o productos de diseño— que puedan venderse tanto en el mercado provincial como en el circuito turístico de Malargüe.

Además del impacto económico, la reactivación de la planta y de la esquila controlada podría convertirse en una herramienta clave para fortalecer la conservación, ya que mayor actividad formal en la zona implicaría más presencia y control frente a la caza ilegal.

A más de una década del inicio de la experiencia de uso sustentable y a casi once años de la inauguración de la planta, La Salinilla vuelve a aparecer como un punto estratégico donde producción, identidad local y conservación podrían volver a encontrarse.