A días de cumplir 50 años, Jorge Aburto continúa siendo una de las figuras silenciosas pero fundamentales del Festival Nacional del Chivo. Empleado municipal y trabajador de prensa, lleva más de dos décadas dedicadas a registrar, con imágenes y videos, los momentos más significativos de esta celebración que identifica profundamente a los crianceros malargüinos y a la comunidad en general.

En diálogo con Malalweb, Aburto repasó su trayectoria con la humildad que lo caracteriza. Según relató, su participación en el festival comenzó hace 26 años, inicialmente desde el ámbito privado, cuando junto a una empresa de servicios audiovisuales realizaba coberturas para el municipio a mediados de la década del 90. Más tarde, en 2009/2010, se incorporó formalmente como empleado municipal, siempre ligado al área de prensa.
Sus primeros trabajos estuvieron centrados en la cobertura fílmica y en el registro de obras y actividades de gestión. “Siempre empecé con video”, recordó, detallando que en aquellos años la tecnología era precaria en comparación con la actual. Pantallas de tela, proyectores de tres cañones que requerían calibración constante y cámaras Super VHS formaban parte de un escenario muy distinto al que hoy ofrece el festival, con pantallas LED, alta definición, iluminación moderna y un despliegue técnico acorde a eventos de gran magnitud.

En su relato, Aburto destacó además el rol de quienes trabajan en el festival frente a las condiciones climáticas propias de Malargüe. La lluvia, el viento y el frío han marcado varias ediciones de esta celebración, convirtiéndose en un factor atenuante tanto para el público como para la organización. Aun así, quienes cumplen funciones en el evento permanecen en el lugar durante toda la jornada, sosteniendo el desarrollo del mismo y el registro de cada momento, más allá de las dificultades.
A lo largo de los años, Aburto fue testigo y protagonista de la evolución tecnológica y estética del festival. Sin embargo, destacó que más allá del equipamiento, el espíritu del evento se mantiene intacto. “El festival es de la gente”, afirmó, subrayando que para muchas familias representa un momento esperado del año, una instancia de encuentro, disfrute y celebración de la identidad local.

En su labor diaria, Jorge prioriza registrar a las personas y las situaciones cotidianas que dan vida al festival: las familias, los crianceros, la vestimenta gaucha, los niños, los asados compartidos y los gestos espontáneos del público. “Me gusta capturar esos momentos”, explicó, señalando que aborda con la misma responsabilidad tanto a un artista consagrado como a un vecino anónimo.
También tuvo palabras de reconocimiento para sus compañeros de trabajo, remarcando que el festival es el resultado de un esfuerzo colectivo. En particular, destacó a Gastón Moreno, a quien definió como un pilar fundamental y un compañero de muchas jornadas y desafíos. “Cuando no está lo extraño porque su trabajo es muy significativo para mi”, sostuvo.

Con 26 años de experiencia en el Festival Nacional del Chivo, Jorge Aburto se ha convertido en un guardián de la memoria visual de uno de los eventos más importantes de Malargüe. Su trabajo, muchas veces detrás de cámara, contribuye a preservar la historia, la identidad y la emoción de una fiesta que trasciende gestiones y generaciones.


