Por Dr. en Historia Sergio Eschler
Los reconocimientos a los trabajadores de la educación, en nuestro país, se pueden abordar desde varias dimensiones. En el presente artículo, se pondrá en valor, tres aspectos. Por un lado, la historia del 11 de septiembre como día del maestro, en segundo lugar, como abordaron las corrientes historiográficas la figura y administración de Sarmiento y finalmente, que significa ser docente en el siglo XXI.

Mas de medio siglo después del fallecimiento del maestro sanjuanino, comienza a reivindicarse su obra. En su honor, en 1943 se realizó la Primera Conferencia de ministros y directores de Educación de las Repúblicas Americanas en Panamá, donde se decidió ponerle conmemorar el Día del Maestro cada 11 de septiembre.
La iniciativa proponía extender la conmemoración en todo el continente americano, no sólo para homenajear a Sarmiento, sino también para reconocer el trabajo cotidiano de los docentes. Esta iniciativa no fue concretada y actualmente los países latinoamericanos celebran a los docentes en diferentes fechas. En Argentina, la fecha comenzó a celebrarse a partir de 1945, cuando el presidente de facto Edelmiro Farrell decretó que el 11 de septiembre se reconozca a los maestros argentinos. En el decreto se destaca la “abnegación y sacrificio” de los maestros, que “guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos”.

El maestro cuyano es una figura compleja en la historia argentina, y su clasificación como “civilizado” o “bárbaro” depende de la perspectiva historiográfica. Norberto Galasso, un historiador argentino, analiza a Sarmiento desde diferentes corrientes historiográficas y destaca sus contradicciones.
- La Historia Oficial: lo celebra como un gran educador y defensor de la civilización, junto a figuras como Rivadavia y Mitre. Esta corriente destaca su aporte a la educación laica y su lucha contra la barbarie.
- La Historia Social: lo respeta por su papel en la educación y la política, pero evita criticarlo abiertamente. En cambio, se enfoca en denostar a figuras como José Hernández o Raúl Scalabrini Ortiz.
- El Nacionalismo de Derecha: lo juzga como un enemigo por su defensa de la educación laica y su postura contra la iglesia católica.
- El Revisionismo Federal-Provinciano* busca distinguir entre el Sarmiento ideólogo y su gestión presidencial, destacando sus contradicciones y la complejidad de su figura.

Sarmiento creía que la civilización estaba en Europa y la barbarie en América. Según él, la única forma de progresar era importar ideas y prácticas europeas, lo que implicaba aniquilar la cultura y las tradiciones autóctonas. Sarmiento era un hombre complejo, con una pasión argentina y una inteligencia colonial. Su gestión presidencial mostró contradicciones y compromisos con diferentes grupos sociales.
La tradición de la educación en nuestro país nos exhorta a afrontar el siglo XXI, comprendiendo que la trayectoria de quien hiciera de la enseñanza una forma de solucionar las necesidades de los que no saben leer y escribir, puso de manifiesto la importancia de la noble tarea de educar. Tarea que continuaron, a partir de él, todos los maestros argentinos y muchos otros de Latinoamérica.

Ser maestros hoy no es una tarea sencilla, porque son muchos los inconvenientes que se les presentan y que a veces no les permiten cumplir adecuadamente con su función. Pero de una cosa estamos totalmente seguros, es que son maestros porque les agrada trabajar con ustedes y porque les da la inmensa satisfacción de ver de ver cómo, a través del tiempo, los chicos que reciben crecen y se van convirtiendo en chicos más grandes, habiendo logrado aprender y utilizar esos aprendizajes en su propia vida.
Son muchos los filósofos y expertos que aseguran que las riquezas de un país no se miden en índices económicos ni en los avances tecnológicos que desarrolla. La verdadera riqueza de una sociedad está en la forma en cómo educa a sus miembros.

Garantizar una educación libre, gratuita y de calidad debe ser prioridad para cualquier gobierno, pero para ello se debe invertir en la formación de educadores con vocación, calidad humana y amor por la enseñanza, al mismo tiempo que se remuneren de la forma más justa y proporcional a la gran labor que realizan.
El buen profesor sabe que no es el dueño absoluto de la verdad, ni que tiene todos los conocimientos. Al contrario, es consciente de que el proceso de aprender no caduca y cada día es una nueva oportunidad para enriquecer sus conocimientos, especialmente en el proceso de retroalimentación con sus estudiantes, donde el maestro tiene mucho que aprender de la comunicación con ellos.

Es a través de este diálogo que el maestro se da cuenta de que educar a sus estudiantes, es en realidad sembrar una semilla que se cosecha en la sociedad para su progreso. Además de enseñar gramática, matemática y ciencias, los maestros deben formar ciudadanos honestos con ética y moral, reforzar los valores que la persona adquiere en el núcleo familiar. Todos los conocimientos adquiridos durante la formación educativa, deben contribuir a la formación de personas críticas, que se respetan a sí mismas y a todos los que le rodean, otorgándole la importancia que tiene cada persona sin importar su formación académica. Para cerrar estas líneas les dejo una frase de Paulo Freire: “El maestro debe caminar con una legítima rabia, con una justa ira, con una indignación necesaria, buscando transformaciones sociales.”
Referencias bibliográficas:
- Galasso, Norberto; 2003, Sarmiento ¿Civilizado o Bárbaro? Cuadernos para la otra historia. Centro Cultural Enrique Santos Discépolo


