Bardas Blancas fue una vez más escenario de una de las fiestas mas importantes del sur de la provincia: la 31° edición de la Fiesta de la Vuelta del Veranador. Durante la jornada, crianceros, vecinos y visitantes compartieron no solo música, comidas típicas y destrezas, sino también las historias de quienes mantienen viva una de las culturas más antiguas y valiosas del departamento: la trashumancia.

La fiesta, organizada por los propios crianceros con apoyo de la Municipalidad de Malargüe, fue también un espacio para poder charlar con los vecinos y reflexionar sobre los desafíos de vivir en el campo, el impacto del cambio climático, la necesidad de políticas públicas y visibilizar el papel vital de las mujeres en las tareas rurales.
Voces de la montaña
Marcelo Cara, uno de los organizadores, expresó el orgullo de celebrar una fiesta hecha por y para los crianceros: “Llevamos muchos años, somos pocos, y agradecemos el apoyo de la municipalidad. Muy felices de que los propios crianceros organicemos esta fiesta, porque sabemos lo que es la veranada, sabemos lo que es estar en un rial. Por eso es importante reconocerlo”.

Cara también remarcó que son productores de carne y enfatizó “que no es poca cosa”. Sostuvo que quieren que la cultura siga y que los malargüinos son muy solidarios, la gente lo sabe. “Abrir nuestras puertas y compartir las ganas de pasar un buen rato”, resaltó.
Para Eliseo Parada, la fiesta marca el regreso tras meses de trabajo en la montaña. Contó que a fines de marzo volvió de la veranada y afirmó que este año “estuvo bien, pero no tanto como el año pasado porque la nieve no estuvo tan bien. Esperamos que llueva y que nieve, se necesita para que haya agua y producción. El agua es producto de la nieve, ojalá que sea de buena calidad”.
Martín Moya, otro joven puestero, reflexionó sobre el esfuerzo que implica vivir en la montaña, más aún en tiempos de crisis hídrica. Indicó que el cambio de clima los lleva, muchas veces, a estar atentos a la radio, “es importantísima esa información para poder desarrollar nuestra actividad sin arriesgar tanto en cordillera”. Respecto del tiempo, manifestó que hay lugares que siempre tuvieron agua y hoy ya no tienen. “El cambio climático lo estamos viendo con nuestros ojos”, destacó.

Además, puso en valor la unión que hay entre los vecinos, pese a las distancias que tienen unos de otros. “Muchos jóvenes seguimos apostando al campo. La esperanza es un estado presente”, culminó.
La importancia de la mujer en el campo
Los testimonios durante la jornada destacaron también el rol fundamental de las mujeres en las tareas rurales. “La mujer es de vital importancia —dijo Pablo Moya— porque los dos trabajan a la par. A veces incluso más, porque además cuidan a los hijos”.
La reina saliente de los veranadores, Suyai Sánchez, también compartió su experiencia: “Mi padre y mis abuelos han sido veranadores, así que conozco bien el tema. Desde chica acompaño a mi papá a la veranada y realizo tareas de campo como arreos. Hoy estoy estudiando la tecnicatura en minería en la ciudad, pero me ha costado mucho despegarme, porque siempre viví en el campo”.


La reina entrante, Vanina Jaque, también es hija de crianceros. “Vengo de una familia puestera, poder representar a los crianceros es un orgullo. Esta fiesta celebra la vuelta sana, es un agradecimiento por regresar bien. Pasó una vez que un puestero no pudo volver por un temporal. Eso queda marcado en la comunidad”.
Otra mujer destacada fue Josefina Carrasco, criancera del puesto Arroyo Chico, quien sube en septiembre y vuelve en mayo: “El trabajo comienza en octubre con la parición, y después todas las demás tareas: desde atender a los animales, hacer dulce de leche, hasta las tareas del hogar. En el puesto, la mayoría de las cosas se hacen caseras, porque no tenemos dónde comprar. Criamos a nuestras hijas acá, en la montaña”. En este sentido, comentó que junto a su marido han criado cinco hijas en el campo, demostrando que la vida rural sigue latiendo fuerte gracias a la dedicación silenciosa de quienes lo hacen todo: cuidar, producir y criar.

Mirando al futuro
Los puesteros coincidieron en la importancia del acompañamiento del Estado para que las nuevas generaciones puedan quedarse en el campo. Resaltaron que se necesita infraestructura, regularización de tierras, caminos, y que las escuelas rurales cuenten con materiales, recursos adecuadas al entorno.


