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Categoría:
Opinion

¿Dónde termina el sur mendocino? O mejor dicho: ¿cuál es el sur que importa?

Por Concejal Silvina Camiolo

Esta semana vimos al intendente de Malargüe participar de la inauguración del nuevo gasoducto de San Rafael. Una obra importante. Necesaria. Justa para los sanrafaelinos y alvearenses. Nadie puede discutir eso. La pregunta es otra. ¿Por qué cuando se trata de San Rafael aparecen las soluciones y cuando se trata de Malargüe aparecen las excusas? Porque el problema nunca fue que se hiciera un gasoducto en San Rafael. El problema es que hace décadas que Malargüe espera el suyo.

Foto: Gentileza

Mientras algunos celebran una obra de 50 kilómetros, nosotros seguimos esperando una de apenas 80 kilómetros: el Gasoducto Papagayos-Malargüe. Una obra estratégica que no sólo llevaría gas a hogares que aún dependen de garrafas y leña, sino que permitiría algo mucho más importante: desarrollar nuestro parque industrial, atraer inversiones y aprovechar de una vez por todas el enorme potencial productivo de nuestro departamento. Malargüe produce cerca del 90% del gas que consume Mendoza.

Sin embargo, seguimos viendo camiones repartiendo garrafas subsidiadas en nuestros barrios como si eso fuera una política de desarrollo y no el reconocimiento explícito de un fracaso histórico. Y ni siquiera llegan a todos los barrios ni a todos los parajes rurales. Nos piden que celebremos la garrafa barata en la tierra que produce el gas. Nos piden que agradezcamos paliativos donde deberían existir derechos. Por eso la imagen del intendente celebrando el gasoducto de San Rafael resulta, cuanto menos, provocadora. Porque mientras acompaña inauguraciones ajenas, sigue sin cumplir una obligación propia.

Concejal del Bloque Reconstruyendo Malargüe, Silvina Camiolo.

Como concejal impulsé una pieza legal que fue aprobada por unanimidad por el Honorable Concejo Deliberante. Una norma que instruye al Ejecutivo Municipal a presentarse ante la Justicia para reclamar la legitimidad de origen de los fondos de Portezuelo del Viento y exigir un resarcimiento por la promesa incumplida a Malargüe. Una pieza legal clara. Vigente. Aprobada por todos. Sin embargo, jamás fue cumplida. Peor aún: en una reunión el propio intendente manifestó desconocer la existencia de esa herramienta institucional y respondió que iba a averiguar con sus abogados cómo podría realizar ese reclamo. ¿Cómo puede desconocerse una resolución aprobada por unanimidad? ¿Cómo puede reclamarse con fuerza aquello que ni siquiera se conoce? La respuesta quizá explique mucho de lo que nos pasa.

Porque lo que se observa es una preocupante displicencia cada vez que hay que defender lo que le corresponde a Malargüe. La vimos cuando los fondos de Portezuelo del Viento fueron desviados y hubo dirigentes que acompañaron esa decisión sin ponerse colorados. La vimos cuando una legisladora de Cambia Mendoza levantó la mano para votar ese desvío sin exigir una compensación proporcional para el departamento que durante años sostuvo la promesa de esa obra. La vimos cuando la respuesta institucional del municipio frente a semejante perjuicio fue una carta enviada al ministro de Infraestructura. Una carta. Frente a la pérdida de la obra más importante de la historia de Malargüe.

Y ahora la volvemos a ver cuando algunos funcionarios recorren Las Loicas prometiendo regularizaciones dominiales que debieron resolverse hace más de treinta años, desde la vigencia de la Ley de Arraigo de mediados de los noventa. Van a prometerle futuro a la gente a la que ellos mismos condenaron a esperar. Van a ofrecer soluciones a quienes llevan décadas aguardándolas. La desvergüenza no está en prometer. La desvergüenza está en prometer lo que ya debería estar hecho.

Durante años nos dijeron que Portezuelo iba a transformar Malargüe. Después nos dijeron que los fondos se iban porque era mejor para Mendoza. Ahora nos dicen que tengamos paciencia. Siempre paciencia. Siempre después. Siempre más adelante. Y mientras tanto, el sur que vale recibe inversiones, infraestructura y respuestas. ¿Y el otro sur? ¿Existe un sur del sur? Porque cuando uno mira las prioridades presupuestarias, las decisiones políticas y la velocidad con que se resuelven los problemas según el mapa, la pregunta deja de ser una metáfora. Se convierte en una realidad.

Nadie discute que San Rafael merezca su gasoducto. Lo que discutimos es por qué Malargüe puede seguir esperando. Por qué siempre somos el departamento al que se le pide comprensión. Por qué somos pacientes cuando se reparten las cargas y olvidados cuando se distribuyen las soluciones. Por qué solo importamos para ser Malargüe Distrito Minero Occidental y todo el lobby que promete mucho y derrama poco. Tal vez haya llegado el momento de dejar de agradecer promesas. Y empezar a reclamar lo que nos corresponde. No por privilegio. Por justicia.

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