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Opinión

El agua al cuello y la mirada para otro lado: el Niño, la desidia y la culpa siempre ajena

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Las intensas lluvias que afectan a Malargüe ponen en evidencia problemas que van más allá del tiempo: la acumulación de basura en las acequias, la presencia de perros sueltos y el compromiso ciudadano con el cuidado de los espacios públicos. Una columna de opinión que invita a reflexionar sobre las responsabilidades compartidas entre vecinos y municipio.

OPINIÓN | Por Laura Di Pascua

Vivimos días complejos en Malargüe. Las inclemencias del tiempo derivadas del fenómeno de El Niño nos están sometiendo a lluvias de una duración e intensidad atípicas para nuestra región, transformando nuestras calles en verdaderos ríos intransitables. Ante este escenario, el Honorable Concejo Deliberante ya declaró la emergencia climática. Sin embargo, detrás de la emergencia de la naturaleza se esconden otras dos crisis mucho más profundas y silenciosas: la falta de interés ciudadano y la preocupante problemática de los perros sueltos.

Es muy fácil apuntar con el dedo, pero la realidad nos choca de frente. Las acequias hoy están atestadas de basura que tapona el paso del agua y acelera las inundaciones. ¿Cómo llega esa basura ahí? En gran medida, por un círculo vicioso de irresponsabilidad:

Por un lado, vecinos que sacan los residuos a deshora o los dejan desatendidos, asumiendo de forma errónea, que el personal municipal debe estar las 24 horas recorriendo cuadra por cuadra. Nos olvidamos de que el mantenimiento del frente y de las acequias es una obligación civil y responsabilidad del frentista. No podemos pretender que absolutamente todo recaiga sobre las espaldas de los trabajadores municipales.

Por otro lado, aparecen los actores principales de este caos: los perros. Esos mismos animales que rompen las bolsas y esparcen los desechos son los que luego encaran a los autos, bicicletas y peatones, generando un peligro vial constante. Lo curioso es que estos perros parecen no tener dueño a la hora de limpiar la basura o responder por un susto; pero si un conductor desafortunadamente atropella a uno, la comunidad entera salta a lincharlo en redes sociales. Se olvidan de que el verdadero maltrato y abandono animal comienza cuando se deja al perro en la calle, a la buena de Dios.

La contradicción local es alarmante. Es habitual ver en grupos de Facebook o WhatsApp publicaciones de “regalo cachorros para tenencia responsable”. ¿Responsable? Responsabilidad es castrar. El municipio provee campañas de castración masivas y gratuitas, además de inyecciones anticonceptivas sin costo. Si esos mismos vecinos tuvieran que pagar una cirugía privada, les costaría hoy entre $200.000 y $300.000 según el peso del animal. Aun así, teniendo la herramienta gratis en la puerta de casa, deciden mirar para otro lado. El resultado directo de esa desidia es la basura en la calle, la cual termina tapando los desagües y empeorando los efectos de las tormentas.

La hipocresía se completa con el clásico grito virtual de “¡Yo pago mis impuestos! ¿Qué hacen con mi plata?”. La realidad numérica es cruda: el departamento registra actualmente la menor recaudación de tasas y servicios de la historia municipal. La gente prioriza pagar la luz, el gas, internet o las plataformas de streaming —que son servicios esenciales o de ocio—, pero posterga las tasas municipales que sostienen el mantenimiento urbano.

Es sumamente cómodo quejarse detrás de una pantalla cuando el agua nos llega al cuello y buscar que el municipio sea el culpable de “tooodo”. Pero cabe preguntarse: ¿de la dejadez, la desidia y la falta de empatía de la gente; también es responsable la municipalidad?

Una ciudad limpia y prevenida no se logra solo con barrenderos o recolectores de residuos; se logra con ciudadanos que asuman su metro cuadrado de responsabilidad. Hasta que no entendamos que el cuidado de Malargüe es una tarea comunitaria, seguiremos ahogándonos en nuestra propia indiferencia.

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