OPINIÓN | Por Alianza Femenina de la Industria Minera Malargüe (AFIMM)
Una mirada de la Alianza Femenina de la Industria Minera Malargüe sobre el desarrollo local, la llegada de nuevas inversiones y la responsabilidad que también tiene la comunidad en la construcción del futuro del departamento.

Hay momentos en los que una comunidad necesita detenerse, mirarse a sí misma y hacerse una pregunta incómoda: ¿Qué estamos haciendo nosotros para cambiar la realidad que tanto cuestionamos?
Malargüe tiene enormes oportunidades por delante, pero también problemas que ya no deberíamos naturalizar: falta de trabajo privado genuino, una ciudad cada vez más descuidada, espacios verdes que necesitan atención y, sobre todo, una sensación de que estamos dejando pasar oportunidades mientras esperamos que otros resuelvan.
Y quizás el problema no sea solamente de quienes tienen responsabilidades de gestión. Quizás también tengamos que preguntarnos cuánto nos hemos acostumbrado a mirar desde afuera.

Hoy vemos llegar o consolidarse empresas vinculadas a la actividad hidrocarburífera, como Venoil y la UTE Quintana Energy-TSB, en distintas áreas de influencia de Malargüe. Al mismo tiempo, la minería avanza en etapas de exploración y existen empresas de servicios mineros que observan a nuestro departamento como un territorio con enorme potencial.
Esto debería obligarnos a pensar más allá de la llegada de una empresa. En este sentido, nos preguntamos: ¿Qué queda en Malargüe? ¿Cuántos puestos de trabajo para nuestros trabajadores? ¿Cuántas oportunidades para nuestros profesionales? ¿Cuántos proveedores locales? ¿Cuántas empresas de servicios podrían instalarse? ¿Qué estamos haciendo para que el crecimiento de estas actividades se transforme realmente en desarrollo local?

No se trata de pedir privilegios ni de cuestionar a las empresas. Se trata de tener una estrategia. Y Malargüe tampoco parte de cero. Existe un régimen de Compre Malargüino que otorga prioridad a proveedores locales en las contrataciones municipales, y el propio Honorable Concejo Deliberante ha impulsado iniciativas vinculadas al fortalecimiento de proveedores, la mano de obra y las PyMEs locales frente al desarrollo minero.
Entonces la pregunta ya no es solamente si tenemos herramientas. La pregunta es cuánto estamos aprovechándolas, cómo se están controlando y qué mecanismos existen para que esa lógica alcance al enorme movimiento económico que pueden generar la minería y los hidrocarburos.

Porque si las empresas llegan, pero nuestros trabajadores, profesionales y proveedores quedan afuera, tendremos actividad económica, pero habremos perdido una oportunidad de desarrollo local. Y ahí aparece otra cuestión fundamental: ¿estamos preparados para recibir nuevas empresas?
Malargüe tiene profesionales preparados, trabajadores calificados, jóvenes que se están formando y empresas locales capaces de prestar servicios. Pero necesitamos generar las condiciones para que esas capacidades puedan insertarse en el crecimiento que se viene.

En este contexto, el Parque Industrial NODO M+, proyectado sobre las instalaciones de la ex Grassi, puede ser una herramienta fundamental para atraer empresas y generar empleo. Hay avances concretos, pero también tenemos derecho a preguntar: ¿cuándo estará plenamente operativo?, ¿qué empresas queremos atraer?, ¿qué estrategia existe para salir a buscarlas?
Algo similar ocurre con Pata Mora. Después de años de anuncios, estudios y una audiencia pública, el proyecto continúa avanzando en sus distintas etapas hacia la construcción del Polo Logístico, Industrial y de Servicios.

Pero nuevamente aparecen las preguntas: ¿cuándo veremos infraestructura concreta?, ¿cuándo podrán instalarse empresas?, ¿cómo vamos a garantizar que parte de ese movimiento económico llegue efectivamente a Malargüe?
No alcanza con que existan proyectos. Tenemos que asegurarnos de que se conviertan en oportunidades reales. Y aquí aparece nuestra propia responsabilidad. Nos quejamos de que no hay trabajo. Nos quejamos de la falta de limpieza. Nos quejamos de los espacios verdes deteriorados. Nos quejamos de nuestros representantes. Pero muchas veces nuestra participación termina en una publicación anónima en las redes sociales.
- ¿Cuántos conocemos realmente qué se está tratando el Concejo Deliberante?
- ¿Cuántos asistimos alguna vez a una sesión para plantear una problemática?
- ¿Cuántos seguimos el trabajo de nuestros legisladores provinciales?
- ¿Cuántos les preguntamos qué están gestionando por Malargüe?
- ¿Cuántos hacemos seguimiento de aquellos proyectos que alguna vez fueron anunciados?
Esperamos que otro se queje, que otro reclame, que otro gestione. Y después nos preguntamos por qué las cosas no cambian. La responsabilidad, por supuesto, no es solamente ciudadana. Quienes gobiernan tienen la obligación de gestionar, planificar, informar y rendir cuentas. Nuestros representantes deben defender los intereses del departamento. Pero nosotros también tenemos una responsabilidad.
Una ciudad limpia requiere gestión, pero también vecinos que cuiden los espacios comunes. Una política de empleo local requiere decisiones públicas, pero también una comunidad organizada que pregunte y exija. El desarrollo industrial requiere infraestructura, pero también una estrategia activa para atraer inversiones.
El desarrollo es una responsabilidad compartida. Malargüe tiene petróleo, minería, turismo, territorio, profesionales, trabajadores capacitados y jóvenes que se están formando. Tenemos oportunidades que otras comunidades desearían tener. Pero las oportunidades no garantizan el desarrollo. El desarrollo se construye con planificación, inversión, infraestructura, capacitación, empresas, trabajo y, fundamentalmente, una comunidad que participe.
Quizás Malargüe no esté dormido. Quizás somos nosotros los que nos acostumbramos demasiado a mirar desde afuera. A esperar. A criticar. A compartir una publicación. A esperar que otro haga el reclamo. Es momento de cambiar esa actitud. No se trata de pertenecer a un partido político ni de estar a favor o en contra de una gestión. Se trata de ser ciudadanos. De informarnos. De preguntar. De participar. De exigir respuestas. De reconocer lo que se hace bien y reclamar cuando algo no funciona.
Porque el futuro de Malargüe no se construye solamente en una oficina municipal, en una empresa, en un yacimiento o en un proyecto minero. También se construye cuando un ciudadano decide involucrarse. Tenemos una enorme oportunidad delante de nosotros.
La pregunta es si vamos a seguir esperando que otro la aproveche por nosotros. Tal vez sea hora de despertar.


