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Categoría:
Sociedad

“Lo hemos hecho toda la vida”: la historia de un puestero que enfrentó la nieve para salvar a sus animales

Roberto Ávila, nacido y criado en Las Loicas, logró poner a salvo a su ganado luego de atravesar más de un metro y medio de nieve en plena cordillera. En diálogo con Malalweb, relató cómo fue la travesía y destacó el sacrificio cotidiano de quienes viven y trabajan en la montaña.

Las intensas nevadas que afectaron a la alta montaña de Malargüe días atrás, dejaron escenas de gran dificultad para quienes desarrollan su vida en los puestos cordilleranos. Uno de ellos es Roberto Carlos Ávila, puestero de 49 años, quien protagonizó una extensa travesía para rescatar a las 18 vacas que habían quedado aisladas por el temporal.

En diálogo con Malalweb, Ávila contó que nació en Las Loicas y actualmente vive en el Puesto Las Tapaderas, sobre el río Grande, a unos 37 kilómetros del paraje por la Ruta Provincial 226, camino al Paso Planchón Vergara.

Según explicó, antes del ingreso del temporal había reunido sus animales tras escuchar los pronósticos meteorológicos por Radio Malargüe, aunque nunca imaginó la magnitud de la nevada. “Yo salí al campo a ver mis chivas y las vacas. Dejé todo reunido porque sabía que entraba un temporal grande. Lo había escuchado en los pronósticos, pero tampoco pensaba que era tanta la nieve que había precipitado en la alta montaña”, relató.

Una vez que el temporal comenzó a ceder, decidió salir en busca del ganado. Sin embargo, el panorama era mucho más complejo de lo esperado. “La acumulación de nieve era tanta que el caballo no podía hacer huella para llegar donde habían quedado las vacas. Tuve que volver al puesto y buscar a un vecino para que me ayudara. Llevamos más caballos y así pudimos avanzar.”

La expedición demandó alrededor de ocho horas entre la nieve, que en algunos sectores alcanzaba un metro y medio de altura e incluso más. “Pudimos llegar, sacarlas y bajarlas hasta el puesto, donde hay menos nieve y pueden alimentarse mejor.”

Los animales sobrevivieron, pero quedaron muy debilitadas

Afortunadamente, las 18 vacas estaban con vida cuando Roberto logró encontrarlas. No obstante, el tiempo que permanecieron aisladas dejó consecuencias visibles. “Por suerte estaban todas vivas, pero estuvieron unos días sin comer ni tomar agua. Están muy delgadas porque al no poder alimentarse adelgazan muy rápido. Cerca del puesto tienen algo de comida y menos nieve.”

Mientras tanto, sus caballos continúan en otro sector del campo. “Todavía no he podido entrar a verlos por la nieve, pero ellos están acostumbrados a los temporales. El caballo es muy fuerte para estas condiciones y los míos ya conocen el frío y la montaña.”

Una vida marcada por los temporales

El rescate también estuvo atravesado por un recuerdo doloroso. Roberto recordó que meses atrás sufrió una importante pérdida durante otro fenómeno meteorológico. “Las chivas las tengo cerca del puesto porque ya tuve una pérdida muy grande en marzo, cuando un temporal tapó más de 200 chivas con la nieve.”

La experiencia acumulada durante décadas le permite conocer cómo actuar frente a estos fenómenos, aunque reconoce que cada temporal presenta nuevos desafíos. “La recomendación es tener los animales juntos y no dejarlos solos. Hay que salir cuando el temporal ya pasó y el día esté bueno.”

“Esto lo hemos hecho toda la vida”

Para Roberto, la repercusión que tuvo su historia refleja una realidad que cientos de puesteros viven desde hace generaciones. “Todos los crianceros conocen lo que es vivir un temporal. Cada uno sabe dónde quedan sus animales cuando nieva. Esto lo hemos hecho toda la vida; lo que pasa es que antes no existía la comunicación que tenemos ahora.”

En ese sentido, destacó la importancia que hoy tiene la conectividad en los puestos de la cordillera. “El internet satelital es de mucha ayuda para cualquier criancero, sea de la montaña, de un paraje o de la ciudad. Yo esto no lo hago para ofender a nadie, sino para mostrar un poco la realidad que vive cada puestero.”

La cordillera, una forma de vida

Historias como la de Roberto Ávila ponen en evidencia una realidad poco visible para gran parte de la sociedad. En la cordillera malargüina, los puesteros conviven con nevadas intensas, temperaturas extremas y grandes distancias que muchas veces deben recorrer únicamente a caballo.

El cuidado de los animales no conoce feriados ni horarios. Incluso después de un temporal, cuando la nieve supera el metro de altura y los caminos desaparecen bajo el blanco, los crianceros vuelven a salir al campo porque saben que, del otro lado de la montaña, los espera su principal sustento.

El rescate de las 18 vacas no fue un hecho extraordinario para Roberto. Fue, simplemente, una jornada más en una forma de vida donde el esfuerzo, la experiencia y el profundo conocimiento de la montaña son indispensables para sobrevivir.

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