El organismo nacional señaló que los terremotos registrados recientemente en Colombia y Venezuela no constituyen un indicador de nuevos eventos en Argentina. El investigador del CONICET José Mescua explicó el escenario sísmico de Mendoza y Malargüe y remarcó que no existen herramientas científicas para predecir cuándo ocurrirá un terremoto.

La sucesión de terremotos registrados recientemente en distintos puntos de Sudamérica generó preocupación y consultas sobre una posible relación entre esos eventos y la actividad sísmica en Argentina. Ante este escenario, el Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR), a través de la Dirección del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES), informó que los movimientos registrados en el norte de Sudamérica no guardan relación ni constituyen un indicador de eventos similares en territorio argentino.

En diálogo con Malalweb Diario Digital, el geólogo José Mescua, investigador del CONICET en el grupo de Tectónica del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) y profesor de la Licenciatura en Geología de la Universidad Nacional de Cuyo, explicó que la actividad sísmica reciente se encuentra dentro del comportamiento natural del planeta y que, si bien Mendoza y Malargüe son zonas sísmicamente activas, no hay elementos científicos que permitan afirmar que actualmente se aproxima un terremoto de gran magnitud.
Los terremotos recientes no significan que haya una actividad sísmica fuera de lo normal
Mescua explicó que, aunque durante las últimas semanas se produjeron terremotos de magnitud considerable en diferentes países, la cantidad de grandes sismos registrada durante el año se mantiene dentro de los valores esperables.
El profesional explicó a Malalweb que a nivel mundial ocurren, en promedio, alrededor de 16 terremotos de magnitud 7 o superior por año. Sin embargo, se trata de un promedio que puede variar entre un año y otro. “Se han registrado muchos sismos últimamente, pero no estamos en un año que haya tenido más temblores de lo normal”, sostuvo el investigador.
Mescua también señaló que actualmente existe una mayor exposición informativa frente a estos fenómenos. La disponibilidad de teléfonos celulares, videos y redes sociales permite que un terremoto ocurrido en cualquier parte del mundo sea conocido prácticamente de inmediato.

Por ese motivo, la percepción de que actualmente ocurren más terremotos puede estar vinculada, en parte, a que los eventos son mucho más visibles que años atrás.
INPRES: los terremotos de Sudamérica no anticipan un evento en Argentina
El comunicado emitido el 21 de agosto de 2026 por SEGEMAR-INPRES fue difundido luego de los eventos sísmicos registrados recientemente en Colombia y Venezuela. El organismo nacional remarcó que los terremotos responden a procesos tectónicos y condiciones geológicas particulares de cada región, por lo que la actividad sísmica registrada en el norte de Sudamérica no constituye un indicador de eventos similares en territorio argentino.
INPRES también aclaró que la ciencia actual no permite anticipar con precisión el lugar, la fecha y la magnitud de un terremoto determinado. La sismología sí permite estudiar las fallas activas, identificar las regiones con mayor peligrosidad y establecer probabilidades de ocurrencia a largo plazo.
El organismo recomendó además informarse a través de fuentes oficiales y desestimar mensajes, rumores o supuestos pronósticos que atribuyan a determinadas fechas, condiciones climáticas o secuencias de sismos la capacidad de anticipar futuros terremotos.
¿Por qué Mendoza es una zona sísmica?
Mendoza forma parte del sector occidental de Argentina, una región que concentra una importante actividad sísmica debido a la dinámica de las placas tectónicas. El límite entre la placa de Nazca y la placa Sudamericana se encuentra hacia el oeste, en la zona cordillerana. Allí se produce el proceso conocido como subducción, mediante el cual una placa se introduce por debajo de otra.
Esa interacción genera fuerzas que se acumulan durante largos períodos y pueden liberarse de manera brusca cuando se produce una ruptura en las rocas, generando ondas sísmicas.
Mescua explicó que el norte de Mendoza y el sur de San Juan presentan una actividad sísmica mayor que otras regiones del país. Hacia el este, la frecuencia y magnitud de los terremotos disminuyen. En el caso del norte de Mendoza, las estimaciones disponibles sobre las fallas activas permiten considerar magnitudes máximas cercanas a 7.


¿Qué riesgo sísmico tiene Malargüe?
Malargüe también se encuentra dentro de una región sísmicamente activa, aunque con una actividad menor respecto del norte de Mendoza, de acuerdo con las declaraciones de Mescua.
Además, el especialista comentó que los estudios disponibles permiten estimar que en la zona de Malargüe podrían producirse sismos de hasta aproximadamente magnitud 6. El investigador aclaró que esta estimación no constituye una predicción. Se trata de una evaluación de la capacidad sísmica de la región a partir del conocimiento geológico disponible.
“Puede ocurrir quizá mañana, pero quizá no; quizá ocurre dentro de 10, quizá dentro de 50, quizá dentro de 200 años. No sabemos”, explicó.
Por eso, conocer que existe una determinada capacidad sísmica en una región no significa que exista actualmente una señal que indique que un terremoto importante está próximo.
La magnitud no determina por sí sola los daños
Otro de los puntos destacados durante la entrevista fue la diferencia entre la magnitud de un terremoto y los daños que puede provocar. La magnitud representa la cantidad de energía liberada por el sismo, pero el impacto sobre una población depende de diferentes factores. Entre ellos se encuentran la profundidad del terremoto, la distancia respecto de las zonas habitadas y las características del suelo.
Un sismo de determinada magnitud ocurrido a gran profundidad puede producir pocos daños, mientras que otro de igual magnitud y ubicado a poca profundidad y cerca de una ciudad puede tener consecuencias mucho mayores.
El tipo de suelo también puede amplificar las ondas sísmicas. Mescua mencionó como ejemplo el caso de Ciudad de México y explicó que, en Mendoza, durante el terremoto de 1985, determinados sectores de la ciudad experimentaron efectos vinculados con las características del subsuelo.
En Malargüe, en términos generales, los suelos no presentan características particularmente desfavorables, aunque pueden existir efectos locales que deben ser evaluados mediante estudios específicos.

¿Puede un terremoto provocar otro en otra parte del continente?
La posibilidad de que los terremotos recientes formen una especie de cadena que termine afectando a Argentina también fue abordada durante la entrevista. Mescua explicó que un terremoto de gran magnitud puede modificar las condiciones de esfuerzo en las zonas cercanas a la ruptura y, eventualmente, favorecer que una falla que ya se encontraba próxima a romperse genere otro movimiento. Sin embargo, mencionó que esto no significa que exista una cadena sísmica mundial capaz de trasladarse desde Venezuela o Colombia hasta Argentina u otro punto del planeta.
Después de un gran terremoto sí suelen registrarse réplicas, que generalmente presentan magnitudes inferiores al evento principal y corresponden al proceso de reajuste de las estructuras que fueron afectadas.
¿Se puede saber cuándo ocurrirá un terremoto?
La respuesta de la ciencia, por ahora, es no. Los especialistas pueden estudiar las fallas activas, analizar los movimientos de las placas tectónicas y establecer qué magnitudes son posibles en determinadas regiones. Pero no existe actualmente un método que permita determinar con anticipación cuándo ocurrirá un terremoto, dónde tendrá lugar y qué magnitud alcanzará.
Mescua remarcó que, a diferencia de los volcanes, que pueden presentar señales precursoras que permiten incrementar los niveles de monitoreo y alerta, los terremotos no ofrecen un comportamiento que pueda ser utilizado de manera sistemática para anticiparlos.
Los sistemas de alerta temprana tampoco predicen los sismos. Detectan que el movimiento ya comenzó y buscan enviar una advertencia lo más rápido posible antes de que las ondas más destructivas alcancen determinados lugares.
¿Qué puede hacer la población de Malargüe?
Frente a la imposibilidad de predecir los terremotos, tanto el especialista como INPRES coinciden en que la principal herramienta es la prevención. Entre las medidas se encuentran el cumplimiento de las normas de construcción sismorresistentes, la realización de simulacros y la preparación de los organismos encargados de responder ante una emergencia.
A nivel individual, Mescua recomendó que las personas conozcan los lugares seguros de los espacios que frecuentan, tanto en sus hogares como en sus lugares de trabajo. También es importante identificar sectores abiertos donde no existan objetos o estructuras que puedan caer durante un movimiento.
El INPRES recordó que la preparación de la población y el acceso a información oficial son herramientas fundamentales para reducir los riesgos asociados a la actividad sísmica.

El mensaje para Malargüe: informarse y estar preparados, sin entrar en pánico
La conclusión del especialista frente a la preocupación generada por los terremotos recientes es que no existen actualmente razones científicas para pensar que Mendoza o Malargüe estén próximos a experimentar un terremoto importante. La posibilidad de que ocurra un sismo existe porque la región es naturalmente sísmica, pero esa posibilidad no es actualmente mayor que en otros momentos.
Por eso, el mensaje no es alarmarse ante cada terremoto que aparece en las noticias, sino conocer el riesgo, informarse a través de fuentes oficiales y estar preparados.
La actividad sísmica forma parte de la dinámica natural del planeta. La ciencia no puede decir cuándo ocurrirá el próximo terremoto, pero sí permite conocer las características de cada región y desarrollar medidas destinadas a reducir sus posibles consecuencias.
Fuentes: SEGEMAR-INPRES y entrevista realizada por Malalweb Diario Digital a José Mescua, investigador del CONICET en el grupo de Tectónica del IANIGLA y docente de la Universidad Nacional de Cuyo.


